El sueño de Mirella

 Texto de Marina Bonetti — Traductora: Diana Fazzini

 

Había una vez una arpista y se llamaba Mirella.

Mirella nació en  Torino en al año 1919 y se diplomó en arpa a la edad de dieciocho años cubriendo inmediatamente el puesto de segunda arpa en la orquesta del Teatro Regio de su ciudad natal.
A los veinte años había aceptado el contrato de primera arpa que le había ofrecido el Teatro Municipale de San Pablo de Brasil y luego de diez años de residencia (en los años de la segunda guerra mundial) había vuelto a  Italia, estableciéndose en Milán donde desarrollaba paralelamente su actividad docente en el conservatorio con la de concertista.
En Brasil, además de trabajar en la orquesta, Mirella se había exhibido como solista en las ciudades de San Pablo y Río de Janeiro y había comenzado a desarrollar sus investigaciones con la intención de elaborar nuevos programas de concierto.
En esos años de investigación, Mirella estaba tomando conciencia de lo importante que era sacar a la luz las piezas relegadas del repertorio de arpa, y así apropiarse de una historia olvidada.
A su regreso en  Europa, continuando con su investigación, Mirella descubrió una gran cantidad de musica bellísima para arpa y focalizó su objetivo prinicipal: desmentir a toda costa, mediante la divulgación de sus  hallazgos, el lugar común que el arpa carece de repertorio.
Es absurdo”, solía decir en clase, “que todavía alguno pueda sostener que el arpa no tenga un repertorio proprio, es evidente que un  instrumento con cinco mil años de historia no pueda ser desprovisto!
Así, con los medios disponibles en esos tiempos, Mirella comenzó a indagar en las bibliotecas italianas y extranjeras descubriendo joyas y obras maestras desconocidas y olvidadas.
Sus investigaciones la llevaron a recoger  muchísima información alrededor del tema de la música para arpa y desde cuando dejó de tocar debido a una enfernedad de los ojos que le impedía leer las partituras, Mirella aprovechó todo ese material recogido en más de cincuenta años de actividad, para emprender, a tiempo completo, un ejercicio nuevo que la involucraba totalmente, el de redactora y escritora de historia y de música para arpa.
Consultando en su biblioteca las numerosas fichas que contenían varios centenares de datos recopilados por ella, Mirella elaboraba textos y escribía artículos en los cuales, con la sencillez aprendida de sus escritores favoritos, expresaba los conceptos y los temas donde más se identificaba.
La mayor parte de sus publicaciones, dedicadas a los arpistas y a los apasionados de dicho instrumento, derivan de la idea, del sueño y de la esperanza que se pueda finalmente tomar conciencia que el arpa goza de un vasto repertorio.
Mirella enseñaba, con insistencia, que es suficiente “escuchar” para darse cuenta que la música escrita para arpa tiene su propia connotación y una riqueza intrínseca que se pierde en la mayor parte de las transcripciones.
En este sentido, Mirella afirmaba que los arreglos de música escrita para otros instrumentos  o para satisfacer pedidos “a la moda” no se puede comparar al nivel de la música de los grandes maestros del arpa y sostenía la importancia de estudiar estas grandes obras originales.
Mirella amaba citar a Schumann que en sus reglas de vida musical invitaba a distinguir bien las composiciones: aquellas que pertenecen al arte de aquellas que tienen solamente un fin de entretenimiento para aficionados.
La música mal escrita, amaba señalar Mirella, siempre citando los dictámenes de Schumann, no tiene que ejecutarse, ni siquiera escucharse, a menos que alguien nos obligue a hacerlo (!) y no debe difundirse de ninguna manera, de hecho, es necesario contribuir con todas nuestras fuerzas a tenerla fuera de circulación.
El sueño de Mirella era por lo tanto el de que la música de arpa emergiese del olvido de la memoria y que los programas de concierto brillasen, como en el cielo las estrellas, de composiciones para arpa de auténtico valor y belleza.
Mirella insistía con énfasis de la necesidad de reapropiarse de nuestras tradiciones para separarnos, con nuestra actividad de músicos y músicas  de arpa, de la tendencia, lamentablemente generalizada de olvidar quiénes somos y de dónde venimos, creyendo en falsas noticias que nos dan la ilusión de estar informados pero que, en realidad, contribuyen al oscuro plan de ocultarnos lo que sucede a nuestro alrededor.

Mirella Vita (22 de Febrero de 1919 – 12 de Abril de 2012)

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